Reflexión de un hermano: Fe, esperanza y caridad

Te invito a pensar en qué significan cada una de éstas virtudes teologales. Y digo teologales porque provienen de Dios, no son fruto del esfuerzo humano… de Dios y sólo de Dios. Fe es ver lo invisible, hacer lo imposible y creer lo increíble. Esperanza es aquella gracia que va ligada a la paciencia, creer que Dios podrá actuar por encima de mi debilidad, del problema que ahora acontece en mi vida, del miedo que me persigue, del rencor que me llena, de poder dar el paso al perdón que aún tengo retenido… esperanza… sí, Dios puede, yo le creo, oro y espero. Caridad, es poder hacer algo por amor a Dios, sobre todo cuando representa para mí una gran lucha, una renuncia, un sacrificio. El amor es capaz siempre de dar lo más íntimo de sí. Y Dios nos las ha dado para que nos demos a él a través de nuestro prójimo, que, frecuentemente suele ser tu familiar, amigo y vecino.
Hermanos, que la constante reflexión de éstas virtudes nos hagan pensar que la vida del cristiano no es un pasatiempo, un hobby, una oportunidad para llenar un “tiempo vacío” en mi rutina diaria, no; la vida del cristiano es un reto para aventureros, para guerreros, para hombres, mujeres, jóvenes, niños, etcétera, con deseo de darle razón de ser a su vida, de comprometerse firme y radicalmente con Alguien, de ser testigos, de ser felices, de ser plenos.
Sí, somos pecadores, débiles, pero Dios nos hace fuertes… caminamos con aquella fuerza interior que infunde el Espíritu Santo y que nos capacita para ser cada día mejores.
Que María Santísima, modelo de fe, esperanza y caridad, nos enseñe que el perfecto amor a Dios consiste en creerle siempre, por encima de TODO. ¡Ánimo!, Dios te ha dado la gracia, no la desaproveches.


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